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¿Sabes por qué la resistencia a los antibióticos es peligrosa?

Por: adminchlp

18 noviembre 2020

Año con año, la Organización Mundial de la Salud (OMS) dedica en el mes de noviembre una semana para la concientización sobre el uso adecuado de los antimicrobianos; para este año el lema de la semana mundial de concienciación sobre el uso de los antimicrobianos es “Unidos para preservar los antimicrobianos”.  Pero, ¿Qué hace a los antimicrobianos tan especiales?

No hay dudas de que uno de los adelantos más importantes en el desarrollo de la medicina fue el descubrimiento y posterior desarrollo de los antimicrobianos. Desde su descubrimiento, los antimicrobianos han servido como la piedra angular de la medicina moderna y han permitido salvar muchas vidas a lo largo de la historia de la humanidad. Sin embargo, el persistente abuso y mal uso han favorecido la aparición y propagación de la resistencia antimicrobiana.

¿Qué es la resistencia antimicrobiana? La resistencia a los antimicrobianos (farmacorresistencia) se produce cuando los microorganismos, sean bacterias, virus, hongos o parásitos, sufren cambios al verse expuestos a los antimicrobianos. La resistencia se produce cuando ocurren mutaciones en los microorganismos en respuesta al uso continuado de estos fármacos; como resultado, los medicamentos se vuelven ineficaces y las infecciones persisten en el organismo, lo que incrementa el riesgo de propagación a otras personas, hace que se incrementen los costos médicos, se prolonguen las estancias hospitalarias y aumente la mortalidad como está sucediendo en los últimos años.

La resistencia a los antibióticos está aumentando en todo el mundo a niveles peligrosos. Día tras día están apareciendo y propagándose en todo el planeta nuevos mecanismos de resistencia que ponen en peligro nuestra capacidad para tratar las enfermedades infecciosas comunes. Un creciente número de infecciones, como neumonía, tuberculosis, septicemia, gonorrea, son cada vez más difíciles y, a veces, imposibles de tratar, a medida que los antimicrobianos van perdiendo eficacia, por esta razón, la OMS ha designado la resistencia antimicrobiana (RAM) como una de los tres problemas más importantes que enfrenta la salud humana en este siglo, al constituir una de las mayores amenazas para la salud mundial.  La situación se recrudece ante el mínimo incentivo de la industria farmacéutica de producir nuevos antimicrobianos por lo que en las dos últimas décadas no se ha descubierto ninguna familia nueva de estos fármacos.

¿Qué factores influyen en la resistencia antimicrobiana?

La resistencia a los antimicrobianos ocurre naturalmente con el tiempo, generalmente a través de cambios genéticos. Sin embargo, el mal uso y el uso excesivo de antimicrobianos está acelerando este proceso:

  • El uso indebido y el uso excesivo de antimicrobianos en los seres humanos, los animales y las plantas
  • Incumplimiento por parte de los pacientes de tratamientos prescritos, cuando, por ejemplo, no se completan los días de tratamiento indicados o no se cumple con el número de dosis recomendadas.
  • Los antibióticos matan las bacterias, pero no los virus que provocan enfermedades como el resfriado y la gripe. Pese a ello, a menudo se utilizan incorrectamente antibióticos para esas enfermedades o estos se toman sin la debida supervisión médica.

¿Qué podemos hacer para contribuir con la reducción a la resistencia antimicrobiana? 

Aunque no lo creas, hay mucho que cada uno de nosotros puede hacer para ayudar a reducir esta resistencia y tomar ciertas medidas que ayudarán a que los antibióticos sigan siendo eficaces:

  • No utilizar un antibiótico sin prescripción médica. Un antibiótico que te fue útil la última vez no tiene por qué serlo ahora, ya que la bacteria puede ser distinta, aunque tengas síntomas parecidos. Es imprescindible que consultes siempre a tu médico antes de tomar antibióticos.
  • Cumple siempre con la duración y la dosis que te haya indicado tu médico. Si interrumpes el tratamiento antes de tiempo o la dosis no es la adecuada, habrá bacterias que tengan contacto con el antibiótico, pero no serán eliminadas completamente. De esta forma, las bacterias que sobrevivan pueden volverse resistentes.  Termina los días de tratamiento y completa las dosis que te ha indicado, los síntomas desaparecerán pronto, pero eso no quiere decir que la infección esté resuelta y debes terminar tu tratamiento para evitar que la infección se prolongue o reaparezca.
  • Emplear los antibióticos apropiados para cada tipo de bacteria. El uso innecesario de antibióticos de amplio espectro, es decir, eficaces frente a muchos tipos de bacterias, también es responsable de generar gran número de resistencias.
  • No utilizar antibióticos para luchar contra infecciones causadas por virus porque son completamente ineficaces. Usarlos para combatir, por ejemplo, una gripe, provocará que las bacterias presentes en tu cuerpo en ese momento tengan un contacto con el antibiótico, lo cual les permitirá hacerse resistentes.
  • No almacenes antibióticos sobrantes en casa. De esta forma no se utilizarán mal posteriormente.
  • Es habitual escuchar a alguien recomendando éste u otro medicamento a un conocido, familiar o amigo. La sociedad reitera que no hay que recomendar antibióticos a otras personas, especialmente niños.
  • Prevenir las infecciones lavándose las manos, preparando los alimentos en condiciones higiénicas, evitando el contacto sin precauciones con enfermos, y manteniendo las vacunaciones al día.

Es necesario cambiar la forma de utilizar los antibióticos. Aunque se desarrollen nuevos medicamentos, si no se modifican los comportamientos actuales, la resistencia a los antibióticos seguirá representando una grave amenaza para la salud mundial.

Todavía no es demasiado tarde para reducir el impacto de la resistencia a los antibióticos, y todos, como profesionales y como pacientes, podemos contribuir a conservar la eficacia de estos medicamentos. 

Recuerda que la resistencia a los antibióticos es un problema que nos afecta a todos. Por eso, te recomendamos que sigas siempre las indicaciones de tu médico y que, en la medida de lo posible, recomiendes a las personas de tu entorno que también lo hagan.